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MI SUEÑO – parte 1ª


MI SUEÑO SIEMPRE HA SIDO EL DE CREAR UNA CLASE DE HELADEROS CON LA TRADICION ANTIGUA Y LA TECNICA MODERNA.

Cuando de niña vi por primera vez a mi madre recogiendo del árbol melocotones y después limpiarlos, trocearlos y añadirle jarabe y al final mantecarlos consiguiendo producir un helado que parecía una crema anaranjada, me quedé asombrada y decidí, de grande, ser heladera.

Empecé los estudios y seguí hasta licenciarme en biología; pero, como conseguía un poco de tiempo libre, me refugiaba en algún obrador de mis parientes que, para mí, representaban el País de las maravillas.
Pastorizadoras, mantecadoras, batidoras, cubetas, han sido mis juguetes preferidos.

Pero lo que verdaderamente me encantaba era la salida del helado de la mantecadora: esta gruesa serpiente colorada que parecía deslizarse con vida dentro de la cubeta.

En realidad, lo que me parecía tan sencillo, dependía de la destreza de mis parientes que habían aprendido de mi bisabuelo , un hombre tan hábil como severo. Él siempre decía que el trabajo del heladero es arte, la arte de deliciar el paladar de los clientes.

Su regla de utilizar solo fruta fresca de estación y otras materias primas naturales ha siempre sido respectada en mi familia que siempre ha conseguido obtener mucho éxito con sus heladerías.

Cuando en el 1998 expresé mi deseo de poner una heladería en Barcelona, mi madre ya se había jubilado, pero no me dijo que no; solo me pidió de llevarla porqué se diera cuenta si le podría gustar la ciudad.
Ella nunca había visto Barcelona, pero yo sí : había venido ya 6 o 7 veces de vacaciones y siempre me había preguntado porqué con un clima tan favorable no existieran heladerías como las que tenemos en Roma. A mi madre le encantó Barcelona y decidimos empezar esta nueva aventura. En el 2000 inauguramos nuestra heladería en el barrio de Gracia, en Plaza de la Revolución y fue una verdadera… ¡ revolución !

El éxito obtenido habría llenado de orgullo también a mi bisabuelo Vincenzo que de éxito tuvo muchísimo.

Para 8 temporadas trabajamos con números de turno, con la plaza llena de gente esperando que le tocara el turno o comiendo helado : una verdadera Fiesta Mayor cada día y cada noche de la temporada. Nuestros helados, sobre todos los de fruta, dejaron asombrada Barcelona y cercanías.

Me encantaba como mi madre trabajaba la fruta: las compraba a cajas enteras y, cada día, las mimaba dándole la vuelta hasta que estuviese al punto de maduración.
Es la única manera para que el helado salga perfecto. Ella siempre dice : “ fruta buena , helado bueno “.


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